12 mayo 2012

EL LIBRO EN CHILE BUSCA SU DESTINO

Como si  luego de la celebración del Cervantes de Parra, alguna maldición se hubiese precipitado sobre nuestro panorama literario, comenzamos a ser acribillados por malas nuevas: la librería Ivens en plena plaza Aníbal Pinto de Valparaíso será reemplazada por una tienda de celulares; la biblioteca pública de Montegrande cierra sus puertas por falta de recursos; el Ministro de Cultura es acusado de ordenar estudios que no lee; el curador de nuestra muestra en Guadalajara se expresa, en una entrevista con Artes y Letras, a través de lugares comunes y pocas certezas, a  Gabriela Mistral le siguen cobrando la cuenta de energía de su antigua casa...¿Serán sólo malas noticias pasajeras o una preocupante tendencia? 


Es verdad que la legislación y la institucionalidad pública tienen ya su tiempo como para requerir ajustes. La Ley de Fomento del Libro y la Lectura data de 1993 y sus ejecutores, el Consejo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, no han podido siquiera desterrar la añeja discusión sobre el IVA al libro que, como ave fénix renace cada cierto tiempo, en especial en los alrededores del 23 de abril. Mucho menos superar la amarga disputa del liderazgo por el libro entre la DIBAM y el CNCA, tan bien reflejada en las medallas más o medallas menos de Gabriela Mistral, que ambas entidades se peleaban luego de la apertura y donación de sus archivos.


La sociedad civil parece estar haciéndolo un poco mejor. Las Bibliotecas Vivas de Fundación La Fuente, creada en el año 2000, se expanden por el país y sus estudios de hábitos lectores se agregan a otros tantos del sector oficial. Algunos canales de TV -quizás en memoria del exitoso El show de los libros- han creado micro programas en los que simples lectores o adustos libreros  recomiendan atractivas lecturas. 
La Cámara del Libro ha renovado sus directivos con un necesario acercamiento a los Editores independientes y promesas de cambios en las ferias que organiza, mientras una feria regional, en Antofagasta, asume un liderazgo innegable en este rubro hasta ahora parsimonioso. Los editores, agudizando diferencias de estilo entre aquellos pertenecientes a empresas transnacionales y de menos títulos concentrados en pocos autores super estrellas con aquellos nacionales que se esmeran en diversificar títulos y creadores. Se advierten meritorios esfuerzos en el terreno de las librerías más especializadas y de una novedosa experiencia de sólo productos nacionales, en el GAM. La Sech ha elegido como Presidenta a una destacada poeta y se apresta a volver a la carga por la anualidad del Premio Nacional de Literatura.


En medio de todo ello, cabalga airoso el libro electrónico, planteándonos la duda de si favorecen una mayor lectura o sólo cambian el formato de lectores habituales.
Como en otras etapas de la historia, todo vale, cada soporte tendrá su público y ninguno desaparecerá sino que terminarán conviviendo como lo hizo la radio con el cine y éste con la TV.
En el intertanto ¿será adecuado modificar la Ley del Libro como sugiere la autoridad? ¿No sería mejor aguardar que se consolide esta etapa de búsqueda de nuevos paradigmas, de nuevas voces literarias y editoriales, de nuevas generaciones de poetas y narradores?
Mientra tanto, será habitual distraernos en denuncias sobre si la Biblioteca Nacional aglomera sus textos por tamaño y no por contenido, o si las Piñericosas son ficción o no.
El libro, como la Europa en crisis, como nuestros criollos políticos, como la formación de profesores, están buscando el camino del futuro. 
La única certeza es que ese camino, hoy nebuloso, ya está escrito en más de algún libro.
Sólo resta encontrarlo. 

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